Tengo una deuda importante con una amiga. Hace mucho tiempo que debí escribir de ella, pero creo que simplemente el olvido jugó en contra... o que no me parecía discreto contar parte de su historia, ya que es extraña y en algunos momentos perturbadora.
Su nombre es Ramly Arem. Es una joven jedi que está bajo la tutela del maestro Obi-Wan Kenobi, aunque no es su padawan directamente.
Todo comenzó cuando Obi-Wan y Anakin volvieron a Naboo para el Festival en que celebramos la libertad del planeta, luego de la gran batalla contra los neimoideanos, en la época de mi primer período como reina de Naboo. En esa oportunidad la conocí. Era, en ese entonces, una chica unos siete años mayor que yo, bastante tímida, muy callada, parecía observar todo con cierto recelo. También noté mucha melancolía en ella y... un creciente interés por Obi-Wan.
Lo último fue algo que me comentó Sabé y que comprobé el día en que Ramly tomó mi lugar en una ceremonia de palacio, y gracias a lo cual aún estoy viva. Fue durante la segunda venida de Obi-Wan y sus padawans, período que solicitó el maestro para poder entrenarlos con mayor tranquilidad. Y Naboo era un buen lugar.
Recuerdo que ese día la llamé a mis habitaciones. Ese día la recibí como si fuera una más de mis damas. Estaba ordenando y revisando los vestidos que usaba cuando me transformaba en la reina, cuando Ramly llegó escoltada por Jar-Jar Binks.
-¡Son hermosísimos! -dijo la joven jedi en voz alta. Yo la miré, sonriendo.
-Son considerados obras de arte. Poseen muchas joyas sacadas de los vestidos de reinas anteriores, además de las que vienen del tesoro real. Hay algunas muy antiguas -le expliqué.
-Ah, en mi pueblo nunca se vio algo así -dijo Ramly con cierta tristeza en la voz-. Somos muy modestos, los grandes tesoros están lejos de nosotros, pero... nuestra riqueza es la naturaleza -agregó, más animada.
-Como nosotros... -dije. Luego, miré a Jar Jar-. Gracias, Jar Jar, ¿podrías dejarnos a solas?-Oh... ¿misa molesta? -dijo él, desencantado.
-No, no, es que debo hablar con Ramly cosas... de mujeres -repliqué, guiñándole un ojo. El gungan hizo un gesto de comprensión y salió. Ramly me miró interrogante.
-¿Qué estás planeando, Padmé? -me preguntó, abriendo mucho los ojos.
-Nada del otro mundo... la reina está muy interesada en saber un pequeño detalle... y si es como ella cree, me encargó ayudarte -dije, sonriendo.
-¿De qué se trata?-Eh... es un tema delicado, pero importante... La reina Amidala quiere saber si tú...
-Yo...
-Si estás interesada en Obi-Wan.
Ramly dio un respingo, incómoda. Miró a todos lados, respirando agitada. Luego, se levantó haciendo un ademán de irse, pero se detuvo. Suspiró.
-Nunca pensé que lo notara, menos aún si casi no hablamos. Es muy especial la reina.
-No sabes cuánto -dije, misteriosa-. Pero, es así o no -insistí.
-Eh, yo... -La miré inquisitiva. Por fin, Ramly bajó los brazos, derrotada-. Sí, lo confieso... el maestro es alguien demasiado atractivo como para no estar interesada en él, pero no creo que él lo esté de mí.
-¿Por qué? -dije, intrigada.
-Por las cosas que me ha comentado Anakin. Dice que entre las reglas jedis está la de no enamorarse. Muy extraño para mí, pero así es.
-Ah, pero eso lo podemos arreglar... la reina tiene un plan para saber si Obi-Wan está pendiente de ti...
-¡Pero, Padmé, la reina no puede preocuparse de una cosa tan nimia! -dijo ella, sorprendida.
-No te aflijas. La reina sólo quiere distraerse un poco, los asuntos de estado ya están solucionados, todo marcha bien con respecto a la alianza naboo-gungana. Y si te niegas, sería como despreciarla.
-Es lo que menos me gustaría hacer -replicó Ramly, suspirando y sonriendo-. De acuerdo, ¿y cuál es ese plan?
El plan era simple. Ramly debía tomar el lugar de la Reina en la ceremonia que se llevaría a cabo esa tarde, en la que se daría a conocer el nombre del nuevo embajador gungano para Coruscant. El protocolo era sencillo y Ramly no tardó en aprenderlo. Pero aún estaba recelosa de convertirse en la Reina. Por supuesto, el capitán Panaka sabía del plan -aunque no lo compartía- y yo tuve buen cuidado de ocultarme para que no se descubriera el cambio. Si Obi-Wan me descubría, todo habría sido en vano.
Mis otras damas rápidamente la transformaron en la Reina Amidala. Se veía preciosa, y salvo algunas diferencias mínimas en los rasgos, el maquillaje blanco y el resto de los abalorios combinaban perfectamente.
-No estoy segura... Padmé... -nos miraba con ojos suplicantes. Pero no cedí. Ya habíamos llegado muy lejos para deter el plan, por lo que mis damas tomaron sus lugares.
-Vamos, Reina Amidala. El pueblo la espera.
-Padmé, me voy a equivocar...
-Lo harás bien.
-¡Obi-Wan me va a descubrir! Me voy a meter en problemas.
-No te preocupes.
Ramly suspiró por última vez y asumió la estampa de Reina. Según me comentó más tarde, al bajar las escaleras cruzó la mirada con la de Obi-Wan y sintió un estremecimiento tan fuerte, que tuvo que disimular y continuar con su caminata. Lástima que Obi-Wan me descubrió, aunque traté de esconderme entre la gente. Vi justo cuando preguntaba algo al capitán Panaka, pero en ese momento, un hombre atacó a la Reina.
Todo pasó tan rápido, que Obi-Wan apenas tuvo tiempo de sacar el sable de luz. La reina giró en redondo, empuñando un sable de luz también, con el que desvió varios disparos blaster de parte de un individuo encapuchado. Parte de los asistentes se tiró al suelo, mientras otros huían aterrorizados. Pero la reina plantó pelea y de unos cuantos mandobles redujo el arma a pedazos quemados y de un certero golpe de fuerza lanzó lejos al asesino, dejándolo inconsciente. Ramly apagó el sable.
-Capitán Panaka, llévese a este hombre lejos de mi presencia y revise el resto de Palacio -ordenó con voz solemne, aunque en un tono sutilmente diferente que puso en guardia a Obi-Wan. Observé detenidamente la situación. Algo me decía que él, efectivamente, había puesto toda su atención en ella. Panaka asintió. La reina levantó su mano e indicó a los músicos comenzar a tocar. Luego, llamó a sus doncellas y partió rumbo a sus habitaciones. Obi-Wan nos siguió.
-Yo escoltaré a la reina hasta sus habitaciones -dijo a Panaka. La reina lo miró de reojo, pero guardó silencio.
Nos detuvimos frente a la puerta de las habitaciones de la reina. Obi-Wan hizo un gesto, pidiéndonos que nos quedáramos quietos. Entró. Revisó todo el lugar y al comprobar que era seguro, las dejó entrar. Luego hizo un comentario directo a Ramly.
-Impresionante habilidad en el esgrima, Alteza -comentó Obi-Wan, mirándola fijamente. Amidala no hizo gesto alguno.
-No quiero parecer descortés, maestro Kenobi, pero creo que usted ya cumplió con su cometido. Ahora, si nos disculpa... -respondió ella, aún manteniendo el personaje.
-Perdone que la contradiga, pero quisiera hablar a solas con usted -dijo el jedi, muy serio.
-Más tarde, ahora estoy cansada -la voz de Amidala sonó un poco débil. A un leve gesto mío, mis damas de compañía formaron círculo alrededor de Obi-Wan. Sabé tomó la palabra.
-Maestro, la reina ahora guardará reposo. Gracias por su preocupación -decía, al tiempo que lo empujaba hacia el pasillo exterior. Obi-Wan las miró serio por unos segundos, hizo una reverencia y salió.
(Continuará...)
